
A otra cosa mariposa. Mi travesía por el Ebro ha tocado tierra y desde ayer a las 18:30 horas estoy oficialmente disfrutando mis 25,5 días de vacaciones. Atrás queda un sevillano mu poquita cosa que llegaba en febrero a Zaragoza con poco que perder y mucho que ganar; poco que perder porque posponer más o menos un año la finalización de la carrera no es mucho para los que sepan de qué va esta profesión nuestra de juntar palabras y retratar, y mucho que ganar porque se presentaba ante mí una responsabilidad importante y con un margen demasiado mínimo como para dormirse en los laureles en algún momento.
Han sido ocho meses en los que saco las conclusiones más positivas que puede haber: en lo profesional, me siento muy orgulloso de haber respondido con creces a lo que se esperaba de mí, y por sentir que los que confiaron en mí así lo saben y me lo han hecho saber; y en lo personal, ocho meses viviendo solo en un lugar en donde sólo conocía a una persona pero que ahora tengo una familica a la que no perder de vista jamás y a la que le tengo demasiado que agradecer.

Y ahora a descansar, que creo que me lo he ganado, y volver a Sevilla donde está todo lo que no está en Barcelona ni Zaragoza, es decir, mi familia y amigos. A pesar de los ánimos ajenos por seguir volando fuera del nido familiar, las circunstancias no propician nada mejor que no sea volver a la ciudad donde toda la cera que arde arde en Semana Santa. De ahí, cogeré fuerza nuevamente para impulsarme hacia todos esos retos y sueños que rondan la cabeza de un presunto fotógrafo desde que el 1/200 y el f/2.8 le cautivaron. No quiero descansar demasiado, tengo mil y una ganas de hacer cosas, siempre las he tenido, y no cejaré en mi empeño por hacerlas. Si no soy lo suficientemente bueno como para hacerlas, siempre se está a tiempo de cambiar el rumbo de la vida.












